Me presento: Soy Loaira, una chica de 23 años de un
pueblecillo de Galicia, que vino a perderse y probar suerte en el universo madrileño.
¿A probar suerte de qué? Al principio mi idea era quedarme con mi prima, que
estaba embarazada y con el padre de la criatura a unos cuantos miles de
kilómetros por trabajo. Tenía pensado quedarme solo tres meses: el último del
embarazo y los dos primeros del niño, para echarle una mano mientras no pudiese
venir el padre. Coger un trabajo de camarera, de dependienta, de cajera, o…
bueno, lo primero que se presentase, para pagar mis gastos y ayudar a mi prima
a pagar el piso mientas estuviese con ella.
A los pocos días de llegar a Madrid, caminando por un centro
comercial, vi que estaban haciendo una especie de casting para nuevas modelos.
Soy alta y delgada y, aunque nunca me he considerado guapa, tengo los ojos de
un azul intenso, ¡y con el maquillaje se consigue el resto! Así que allá me
fui.
Ahí estaba yo, tomándomelo un poco a broma, rodeada de unas chicas a las que parecía que se les iba la vida en ello. Sin saber cómo posar, o qué hacer con las manos, vestida con vaqueros, camiseta y zapatillas: el glamour personificado, vaya. Nos hicieron caminar por una pasarela y después nos sacaron unas cuantas fotos mientras nos daban algunas indicaciones. Estaba segura de que me iban a mandar a paseo en cuanto me vieran, y lo mejor era que no me iba a importar lo más mínimo. Por eso, cuando dijeron mi nombre entre las cinco chicas que habían seleccionado para la compañía, mientras las otras cuatro casi lloraban de la emoción, yo me sentí culpable de robarle el sitio a alguna chica que habían soñado con esto, cuando para mí era poco más que un juego.
Aún a día de hoy me pregunto qué cortocircuito se produjo en mi cabeza para ir a anotarme al casting: soy muy tímida, y lo de ser el centro de atención no es algo que vaya para nada conmigo. Supongo que pensé que era algo que solo podría pasar mientras estuviese en Madrid, no tenía nada que perder, y si no salía bien en tres meses estaría de vuelta en tierras gallegas y todo quedaría en una anécdota divertida para cenas familiares.
Ahí estaba yo, tomándomelo un poco a broma, rodeada de unas chicas a las que parecía que se les iba la vida en ello. Sin saber cómo posar, o qué hacer con las manos, vestida con vaqueros, camiseta y zapatillas: el glamour personificado, vaya. Nos hicieron caminar por una pasarela y después nos sacaron unas cuantas fotos mientras nos daban algunas indicaciones. Estaba segura de que me iban a mandar a paseo en cuanto me vieran, y lo mejor era que no me iba a importar lo más mínimo. Por eso, cuando dijeron mi nombre entre las cinco chicas que habían seleccionado para la compañía, mientras las otras cuatro casi lloraban de la emoción, yo me sentí culpable de robarle el sitio a alguna chica que habían soñado con esto, cuando para mí era poco más que un juego.
Aún a día de hoy me pregunto qué cortocircuito se produjo en mi cabeza para ir a anotarme al casting: soy muy tímida, y lo de ser el centro de atención no es algo que vaya para nada conmigo. Supongo que pensé que era algo que solo podría pasar mientras estuviese en Madrid, no tenía nada que perder, y si no salía bien en tres meses estaría de vuelta en tierras gallegas y todo quedaría en una anécdota divertida para cenas familiares.
Pero de esto han pasado ya más de dos años y medio, y aquí
sigo, en Madrid, probando suerte. He aprendido a desfilar y a posar, he hecho campañas
de marcas más y menos conocidas, he aparecido en algún que otro anuncio y poco
a poco han conseguido que en este mundillo asocien mi nombre a mi cara. He
viajado por España más de lo que lo podría haber hecho en toda mi vida de
cualquier otra forma, y por suerte toda mi repercusión se reduce a las
pasarelas. No soy famosa, ni lo pretendo, pero todo esto me gusta más de lo que
había imaginado, y mientras pueda seguiré trabajando en lo que me propongan.
A parte de todo esto he seguido estudiando estos dos años, haciendo cursos de diseño y arquitectura, de idiomas, y cualquier otro que me pareciera interesante. Siempre he necesitado tener la mente ocupada, soy lo que se llama un culo de mal asiento
A parte de todo esto he seguido estudiando estos dos años, haciendo cursos de diseño y arquitectura, de idiomas, y cualquier otro que me pareciera interesante. Siempre he necesitado tener la mente ocupada, soy lo que se llama un culo de mal asiento
No hay comentarios:
Publicar un comentario